Lepidópteros que vuelven como recuerdos

Un simple aleteo de mis párpados para volver a posar la mirada en una mesa de playa pequeña, oxidada y un poco inlclinada hacia adelante. Se topa frente a mi un señor empapado de sudor, con su piel brillante por la gran humedad y calor que acampa a sus anchas por cualquier lugar, incluso aquí, en una capital de provincia y en el centro de la ciudad.

En esa mesa desproporcionada de muchas cosas, con una entropía propia en el orden su su propio caos hay figuras de insectos hechos con hojas de palmera. Minuciosas construcciones imitando un saltamontes, un grillo o un sin fin de siluetas perfectamente trabajadas con un trenzar de las propias hojas. Unos metros más allá hay otro artista urbano que crea esculturas con latas.

Pero este, el artista de la naturaleza, me ha recordado a ti. Me ha recordado tus mariposas de papel. Esas de miles de formas y colores que un día decoraron mi cuarto infantil. Con sus alas dobladas a la perfección imitando lepidópteros y hechas con papel de regalo.

Así te veía entretenido a veces, ensimismado en tu propio arte. Y así has vuelto hoy a mi, de repente, inesperado y volátil, como siempre fuiste: efímero de amor, por lo menos el que nos unía a los dos.

Si paro a pensar en los años que ya no estás, ya no siento esa necesidad de entender el porqué. Porque los años solo hacen apaciguar las cosas, tapar los recuerdos con velos para que la imagen de estos, sea borrosa y distorsionada por el devenir de los días.

¿Once? A mi número preferido hoy se le interpone tu recuerdo, mi necesidad de entenderte, de saber qué fuiste y qué quisiste ser. También pienso que en nuestra distancia tendrías amores clandestinos, de los que yo no sé pero sí sabrá la vida.

Hoy te recuerdo sin dolor, pero quiero recordarte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *