Mujeres que admiro

Admiración de mis iguales

Ayer estuve en un templo de mujeres. Ese lugar que ha sido el escenario ideal de las mujeres, donde se relacionaban y creaban su espacio único para ellos. Ayer Carmen me lo cedió en exclusiva para mi. Miento, no fue en exclusiva. Lo compartí con dos mujercitas más llamadas Carmen y Ana.

Estuvimos solas, ella en su hábitat y yo relajada en el lava cabezas, con los ojos tapados con una máscara que me sucumbían a un relax necesario de una semana intensa en trabajo y emociones. Me dejé llevar mientras sus masajes lavaban mi pelo y hacía que pudiese distenderme en ese tiempo que supo crear para las dos.

Jabata

Carmen es una clienta. Una persona que no solo confía en mí y me deja ayudarla a comunicar el valor de su empresa. Si no que es una persona que me ha cautivado por su fuerza, por su coraje, por su irresistible personalidad. Ayer, sin pensarlo la llamé "jabata". Tuve que expresar en una sola palabra cómo la describo.

Sin embargo, ahora vive en las lagunas de ser profesional y madre. Ambas parcelas las tiene que llevar de la mano, y a la otra del carro. Esta estilista murciana afincada en Elda tiene dos niñas y un centro que sacar hacia adelante. Y como toda mujer que goza de los beneficios de la maternidad, también sucumbe al desánimo de tener que lidiar con todo y abusar o marcar a fuego la palabra conciliación.

La peluquería estaba cerrada, tuvimos una reunión de trabajo para definir estrategias y sin embargo, fui yo la gran beneficiada. Me contagió todo de ella y no dejaba de observar el brillo de sus ojos, marcados por esas sombras llamadas ojeras de quien no descansa lo suficiente porque las noches se hacen largas, y los días un puzzle caótico para combinar todo: ser madre, ser profesional y ser mujer.

Sororidad

Carmen es una de esas mujeres autónomas con miles de ideas y fuerza. Lo que me encanta de ella es que ve oportunidad en cualquier ocasión y se remanga las mangas y se pone a ello. A veces, frente alguna acción me dice que "tiene vergüenza", y yo sonrío sin que me vea. Su vergüenza es infinitamente inferior a la fuerza que emerge de ella continuamente, y los resultados de sus acciones amplifican y reconocen su valía.

El otro día escribía en su web un post sobre la sororidad. Ella es un ejemplo de todo eso que escribía como lo es ese lugar llamado Carmengo Estilistas. Yo tuve el privilegio de estar ahí, de dejarme en sus manos. Y de repente, salí de allí con veinte años menos, y no solo por que me vio y me transformó por fuera, si no porque me dio tanta fuerza que removió todos mis cimientos y me transmitió su fuerza. Y me sentí tan orgullosa de tener a mi lado personas que hacen de la palabra sororidad de una utopía a un hecho consumado.

¡GRACIAS!

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