Niña interior

Esa niña interior

Y me levanto esta mañana de domingo, con ganas e ilusión. Y no todas las mañanas uno despierta mirando cómo entran los rayos de luz, segura y fuerte de cada paso, de cada hito y de cada necesidad de quitar todo ese polvo acumulado a alguien muy especial que llevo dentro: mi niña interior.

De repente, como destellos de haces de luz potentes, que te hacen obligan a fijarte en esos pequeños detalles inadvertidos para los demás busco a ver qué está pasando. Llegan a mi esas ilusiones que yo misma rompí sin ser consciente que estaba haciendo añicos ese poder que todos llevamos dentro, que yo llevaba dentro.

¿Cuántas veces lo intenté, caí, seguí intentándolo y lo conseguí? ¿Cuántas veces quise algo y en el silencio de mi timidez fui constante hasta conseguirlo? Daba igual cual fuese el reto, siempre me sentía capaz de conseguirlo y lograrlo. Esa mirada tímida a la vida que yo misma desafiaba.

Luego vinieron los obstáculos de la vida, la necesidad de encajar en el puzzle, de no salirme del tiesto, de sentirme querida por los que tenía cerca. Y no, no supe ver que eran sus miedos, ni sus ilusiones rotas ni su forma de ponerse en paz con sus propias vidas. Y toda esa mierda la hice mía, fue cubriéndome hasta hacer desaparecer completamente a esa niña interior que brillaba y saltaba a su antojo cuando nadie la veía.

Lo que nunca nadie vio ni se percató, fue que ella siguió con esa manía suya de seguir y seguir hasta lograrlo. Le ha costado mucho que su voz volviera a mis oídos, a ser escuchada y atendida. Ha tenido que sufrir, y ahora veo sus uñas rotas y ennegrecidas por el esfuerzo, su cara desvalijada por la edad, su pelo encrespado y sin brillo, pero aún desprende luz, esa luz que me ha obligado a mirarla nuevamente a los ojos.

Y en sus ojos la dicotomía de perderme y encontrarme nuevamente en ese jolgorio suyo particular que ha logrado despertar nuevamente nuestros corazones. Impregnándolos de nuevas y apasionantes ilusiones. Y sí,  qué felices somos ahora las dos, acurrucadas en la nada, en los surcos de nuestra propia realidad, ajenas a todo. Alejándonos sin hacer ruido de las penurias de los demás, esas que sin darnos cuenta tragamos y nos indigestaron.

Juntas aprendimos a apagarnos, a escuchar y a no sobresalir, a no significarnos. Y juntas volvemos a apasionarnos por la vida. Solo que ahora lo hacemos en una explosión de amor a la que nos aferramos con el firme propósito de no separarnos más.

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“Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión. Cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón:Basta, hasta aquí he llegado’. Ni mil ejércitos de ego y ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad.

Ahí se abren las puertas de su propia Alma y comienza el proceso de sanación. El proceso que la devolverá poco a poco a si misma, a su verdadera vida.  Y nadie dijo que ese camino sea fácil, pero es ‘el Camino’. Esa decisión en sí, abre una línea directa con su naturaleza salvaje y es ahí donde comienza el verdadero milagro”.

-Mujeres que Corren con los Lobos. Clarissa Pinkola-Estés-

 

 

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