No era una grieta

No era una grieta.

Era una señal de que las cosas a veces son imperfectas porque si. Porque lo perfecto a veces pierde sentido en la amalgama de sentimientos.

No era una grieta.

Era la erosión que había sufrido la imperfección. Pero ya no entendía que ser o no carecía de sentido.

No era una grieta, pero su lágrima mojó el grosor desnivelado. Y dio brillo al dolor que tanto tiempo ocultó.

No era una grieta, y quizás no fuese nada. Pero fue suficiente para cambiarlo todo.

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