Omar

Después de escuchar tantos y tantos ataques xenófobos de gente “no racista”, hoy me conmociono ante lo que estoy viviendo en primera persona.

Él se llama Omar, así he escuchado como le llamaban. Tiene la piel muy muy oscura y lleva una caja con gafas de sol y una mochila con relojes. Si, es un vendedor ambulante a orillas de esta playa de Torrevieja plagada de turistas tan apelotonados unos con otros que parece que hay más toallas que granos de arena.

Ofrece lo que lleva entre sus manos y de repente, dos Mujeres lo llaman efusivamente y él se arrodilla ante ellas.

Ambas mujeres, quizás madre e hija, le preguntan cómo va todo. A mí me sorprende esa cordialidad entre dos culturas, sobre todo en estos momentos de odio irracional de quien por desgracia no supo nacer en el lado bueno de la vida.

Omar les cuenta en su chapurreado español que su mujer ha fallecido y que sus hijos están allí en no se donde, porque aunque estoy cerca de ellos, las olas y el bullicio de la gente no me dejan escuchar bien.

Me siento intrusa de la conversación y sin embargo estoy totalmente abducida en ella, conmocionada y afectada.

Su mujer ha muerto, muy joven dejando a esos dos hijos allí con su abuela. Ellos allí y él, próximo a volver mientras recoge algo de esta venta ambulante.

Ellas se preocupan por él y Omar le corresponde con una sonrisa grande, como sus dientes amarilleados quizás por una falta de cuidado y Salud.

Después de detenerse con ellas y ellas comprarle un reloj que no necesitaban, solo en un acto de bondad hacia él, Omar se marcha con un “que tengas buena venta”.

Él se aleja y ellas siguen comentando la crudeza de esta vida y la comparan con las trivialidades de las suyas, de quienes quizás no lo tenemos todo pero sí una tranquilidad que esos que cruzan las fronteras quizás jamás logren ni si quiera imaginar.

@inmalara

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