Recuerdo que un día fui fuerte…

"Recuerdo que un día fui fuerte..." así, entre lo que recuerdo y lo que siento se mete esta frase de esta canción en mi cabeza. Y me asfixia. Me asfixia como si alguien tapara mi boca y mi nariz al mismo tiempo, me ahoga como si alguien impidiera que el aire, ese que se necesita para vivir, entrara en mis pulmones y proveyera de oxigeno todo mi cuerpo, o toda mi alma, que es la que más me duelo.

A veces siento como ya flaquean mis fuerzas, durante el día disimulo tristemente, pero cuando cae la noche y toda esa energía que ya no me acompaña ni un momento, es como si fuese vestida con ropas confeccionadas de plomo, que pesan. Y pesan tanto que es imposible seguir tirando eso que dicen que es mi vida, y la de los que tengo cerca.

Ahora me siento vacía, completamente vacía, exprimida por quienes han sabido de donde sacar hasta el último jugo. Ahora me siento sola, rodeada de mucha gente y sin fuerzas para contar todo ese barullo que se agita sin más dentro, en mi estómago. Y sabes que? Ya casi he aprendido a mirar el mismo punto en la noche. Ya no doy vuelta buscando cuál será la postura más cómoda para volver al sosiego.

Ahora me despierta el sobresalto, y me quedo quieta, con el corazón pegado a la almohada esperando que deje de latir tan fuerte, con la mirada fija en ese punto. Y el corazón deja de latir, pero también ha dejado irse al sueño, y ya no está. Cierro los ojos pero no duermo ni sueño, solo intento controlar la respiración para calmar esto que no sé ni que nombre tiene.

Y miro, y observo, con la vista ya muy turbia de la noche, de la miopía y del cansancio de cada día. Y miro mis manos dejadas caer en el borde de la cama. Las veo como se hinchan las venas, y como una delgadez extraña las muestra con surcos casi inapreciables que ha escrito este tiempo veloz que, al darme cuenta de su paso, todavía  me oprime más el pecho. Pero me he acostumbrado hasta a eso. A no vivir en paz conmigo misma.

Y cuando llegan los primeros rayos de luz les acompaño, me levanto. Me pongo en pie con esa misericordia de energía que hace que recoja calcetines del suelo, que ponga una lavadora a estas horas o que ponga bien la manta del sofá.

¿Dónde está ese recuerdo de ese día que fui fuerte? ¿Dónde estoy? Son muchos años ya sin dejarme sentir..

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